Propaganda y Ucrania

Por muchas décadas en Venezuela solo se bebía Pepsi-cola en vez de Coca-Cola, esto debido a una trampa de la primera sobre la segunda. Al pasar de algunas décadas Coca-Cola, devolvió el golpe bajo con otro igual y con ello se impuso comercialmente. Rápidamente Pepsi contraataco usando una publicidad dirigida a la parte afectiva. La estrategia fue simple, le hicieron pensar a los venezolanos, que parte de su identidad se les había robado y su slogan terminaba con un “Nada como una Pepsi”.

Así, estaban las cosas cuando fui a comprar una hamburguesa, y al llegar al mostrador estaba una señora pidiendo una hamburguesa con una Pepsi. Quien la atendía le indicó que solo tenía Coca-Cola. La señora aceptó no de muy buena gana. Al ser servida probó la bebida y con gesto de disgusto atino a decir: “Nada como una Pepsi.”.

El manejo de la propaganda como un recurso de guerra, tiene vieja data y probablemente todos hemos sido de una u otra manera, víctima de ella.

Para los latinoamericanos, parece una cuestión de pundonor que en nuestra historia siempre se nos recuerde como los españoles nos conquistaron de mala manera. Yo lo creía sin refutar hasta que hace no mucho comencé a leer sobre las dos leyendas que pesan sobre nosotros: La negra y la Rosada.

En la negra, se nos cuenta como siendo colonias de los españoles, fuimos abusados por ellos y el segunda como un trio de héroes nos salvaron: Bolívar, San Martin y O’Higgins. Ambas fueron desarrolladas tanto por los ingleses como por los holandeses de la época, como parte de su estrategia de guerra contra el imperio español.

La verdad, tal como hoy nos las presentan historiadores e investigadores, nunca fuimos colonias sino provincias y esto es un cambio total de la historia. De hecho, nuestros pueblos estaban mucho mejor en términos económicos y sociales cuando éramos provincias. La tal guerra de independencia fue en realidad una guerra civil entre criollos pues las tales tropas españolas nunca tuvieron mas de un 10% de españoles peninsulares, el resto eran criollos realistas (apoyaban al rey de España).

La otra cara de nuestros tres ilustres héroes es más sórdida pues según se nos cuenta ahora, todos ellos eran masones pertenecientes a la masonería inglesa. Existen cartas de Bolívar donde el mismo indicaba que una vez derrotados los españoles el comercio debía ser solo con Inglaterra.

Siempre hemos escuchado esta frase: “La historia la escriben los vencedores”. Nada más falso pues, aunque se intente ocultar el sol con un dedo, las reliquias y documentes siempre quedan y en algún momento serán releídos y reinterpretados.

El 6 de septiembre de 1976 una aeronave sobrevoló el cielo de la ciudad japonesa de Hakodate, en la isla de Hokkaido. Era un MIG-25 robado de la URSS y llevado a Japón. Yo como muchos que creíamos en la propaganda soviética de aquel entonces, pensábamos que por fin la URSS, podría demostrar sus grandes avances en tecnología, frente a occidente y mas aun al gran enemigo USA.

Al igual que ocurrió cuando cayo el muro de Berlín, todos fuimos testigos del poder de la propaganda. Detrás del muro y del MIG, no había nada de tecnología ni de rostros felices. Basta con una lectura de lo que paso en Chernóbil o lo que le pasó al submarino ruso Kursk, para entender mejor lo que es la propaganda.

Hoy presenciamos una guerra entre la poderosa Rusia y uno de los países más pobres de Europa, Ucrania. Al mismo tiempo somos testigos de la propaganda bélica.

Reconozco, que creo en la propaganda occidental, por dos razones: La primera por mi sesgo liberal que no me deja ver con buenos ojos la invasión rusa y la segunda es Sacha.

Sacha es un colega de trabajo ucraniano, que a primera vista parece un gánster ruso con todo y tatuajes, tipo duro y seco para responder. De vez en cuando aparece alguien que le pregunta como está su familia en Ucrania y él solo se limita a decir: “Dentro de todo, bien”. No hay historia de nostalgia ni nada que se le parezca. Uno solo sabe de sus historias cuando conversamos sobre lo que ocurre y él hace gala no solo de estar al día, sino que también de su conocimiento en historia. Para ser honesto, no solo habla ucraniano, ruso, ingles y portugués, sino que además tiene un buen entender en política e historia.

Para aquellos que no siguen la guerra mediática desde el punto de vista de la OTAN, les puedo decir que Putin está perdiendo, no solo la guerra, sino los nervios.

Veamos porque, lo primero son las sanciones de occidente, lo que no incluye ni la compra/venta de petróleo y gas ruso. Por otro lado, el gasto billonario de mantener un ejercito en marcha en un país invadido. A esto hay que añadir que los ucranianos son un hueso duro de roer.

La situación económica en rusia comienza a dar señales de malestar y el mismo lenguaje de Putin a comenzado a cambiar, ya no esta tan altanero y además sus metas han cambiado de salvar al mundo del nazi-fascismo ucraniano a solo salvar a los pobladores del Donbás de la masacre por parte de ucrania.

Los rusos heredaron la máquina de propaganda soviética y Putin es un ex KGB, así ha podido mantener su relato frente a su pueblo, pero ellos ya comienzan a preguntarse porque de las muertes de tantos jóvenes rusos en una operación que se suponía fácil y solo hecha para salvar a la humanidad.

La propaganda de guerra ha sido y es usada por todo el mundo cuando de una guerra se trata, no hay país donde ella no se use y quien no lo haga corre el riesgo de perder una guerra aun antes de empezar. La propaganda en algunos casos es llevada por gente de bien que cree en ella. Preguntarnos, cual ha sido el país más genocida y inventarnos una leyenda donde los rusos salvaron al mundo en la segunda guerra mundial (2GM), es algo así como: “Nada como una Pepsi”.