
La película Zorba el griego, trata de un hombre que había puesto todo su dinero y fe en manos de un soñador. Todo parecía ir bien, pero el proyecto fracasó y ambos se encuentran en una playa en Grecia cuando Basil (Alan Bate) le pide a Zorba (Anthony Quinn) un favor. “Enséname a Bailar” que se traduce mejor como enséname a vivir.
Hace ya varios años me habría visitado uno de mis tíos mas queridos, Abelardo. La familia dice de mí, que soy el que mas se le parece por la forma de vivir. Ambos compartíamos el mismo gusto por leer y reflexionar sobre el mundo y esa sed de viajar todo lo posible. En su caso él vivía en Brasil desde hace muchos años. Trabajaba en una escuela católica y de vez en cuando viajaba a Roma por asuntos que concernían a la escuela. Para ello el recibía unos viáticos bastante modestos con los cuales viajaba por donde podía, además de traer parte de sus ahorros.
Siempre traía un equipaje ligero, un solo morral con un saco de dormir ya que algunas veces dormía donde le alcanzaba la noche. Viajaba en tren los mas posible, donde a veces lavaba su ropa y la ponía a secar en la ventana de su asiento.
Era un hombre ligero de llevar y cargaba un arsenal de historias, anécdotas y apuntes de historia y geografía. Por suerte a ambos nos encanta la historia, aunque debo reconocer que no siempre teníamos el mismo punto de vista. En su corazón era un hombre de izquierda, marcado por muchas batallas y derrotas, pero siempre sabia sonreír y callar su dolor.
Un día lo vi caminado descalzo sobre las piedras de mi jardín y aun cuando estas son redondas siempre dolían y cuando le pregunté el porqué de esto, se limito a decirme que uno siempre debe estar preparado para aceptar y tolerar el dolor.
Con el hice uno de los viajes más emblemáticos en mi vida, nos fuimos de mañana a tomar el tren que nos llevaría a los dos junto a mi hija que me visitaba también, a la ciudad de Paris, desde ahí no había nada mas escrito en nuestro itinerario. Al llegar nos fuimos a la Gare de Lyon y tomas el primer tren que encontramos para ir a Bourdeaux y luego partir al sur buscando llegar a San Sebatian. Al llegar a esta ciudad corrí buscando un lugar donde dormir pues llevaba a mi hija y cuando ya estaba pensando en dormir en alguna plaza, encontramos un lugar. Mi tío al nada más saludar al casero ya tenia historias sobre la ciudad y procuró un tiempo para que este nos contara la vida en la guerra civil. Sin tomar lado, solo nos dedicamos escuchar. Hasta en eso nos parecíamos.
De regreso volvimos por Toulouse y allí otro tren casi de juguete para ir a un pueblito llamado Albi. Tan solo bajar del tren, aquello parecía una escena de una película del viejo oeste en USA, donde esas bolas hechas con ramas viajan empujadas por el viento pasaron enfrente a nosotros. Por un momento quedamos desconcertados, pero luego vimos un mapa y con el llegamos al pueblo, el cual tenia un festival de Jazz, cada puente, cada muro estaban adornados con flores y en cada esquina se oía música, fue un gran momento que tanto mi hija como yo aun llevamos en el alma.
Mi tío murió este año no sé ni como ni cuando exactamente en Sao Paulo, una prima lejana se encargaría de subir su muerte en un medio social. Nadie lloró, nadie escribió un obituario, con el se fueron las sonrisas que tanto mis hermanos como mis primos sacamos cuando de niños era él quien nos contaba historias y nos llevaba de paseo para visitar el campo.
Dice un proverbio japones que solo un gran guerrero o un maestro deben morir en la cama. No sé como murió, nunca supe donde realmente vivía, solo me enteraba por mis padres de él, pues siempre fue muy cercano a ellos. La historia cuenta que fue él quien los presentó ya que fue compañero de universidad de mi padre y como una nota mas de su carácter, fue él quien acompañó a mi padre en sus últimos momentos. De solo pensar en esto vienen a mis mejillas unas lagrimas de gratitud a quien fuese a su manera un mentor que me mostró como bailar desde el dolor.
Me queda en mi alma la gratitud de haber conocido y caminado por un breve suspiro con una persona como mi tío Abelardo, a quien todavía lo recuerdo sonriendo y bailando en una plaza en Bordeaux.
Mi tío nunca llevaba mas que unas hojas y un lápiz para tomar notas, jamás llevaba una cámara no necesitó mostrarle a nadie que pese a todo era un alma libre y alegre que llegaba solo cuando alguien lo invitaba, jamás se quejó cuando alguien le hacia un desaire el solo se limitaba seguir caminado y jamás se limito a ver la banda pasar.
Gracias, tío por ser ese hombre feliz y humilde que caminó por senderos llenos de piedras descalzo y tuvo la gentileza de enseñarme tanto.
