
En uno de mis últimos viajes a uno de mis países favoritos para visitar, Italia, descubrí uno de sus mas grandes secretos, el helado de limón.
De por si el helado italiano goza de una reputación bien ganada, tener los mejores helados, al menos de esta parte del mundo.
La cocina italiana no intenta ofrecer una variedad de un mismo producto, sino uno que por si mismo te haga soñar, te haga sentir una experiencia con cada bocado. Y sus helados no son la excepción.
Hacer un helado de una fruta o un postre dulce requiere un arte, pero de un fruto cítrico y acido como un limón, ya no es técnica sino magia. He probado muchos helados en mi vida, pero ninguno me ha dado esa sensación como este helado de limón, en su perfecto balance para sentir su sabor sin hacer desaparecer este detrás del azúcar o una crema.
Según se me explicó un helado artesanal italiano contiene menos grasa, menos aire y una textura mucho más cremosa y densa, producto de esa pasión que ellos ponen en todo.
Para mí representa una filosofía del saber vivir. Verán, un helado no se pude comer todo de golpe sin tener una dolorosa consecuencia, es mas bien todo lo contrario, se debe probar una pequeña porción y dejar que esta haga su magia, en mi caso me lleva a ver la sonrisa de mis hijos, a sentir los besos de mi esposa, la mirada de mis padres, la compañía de mis amigos, el sol en mi cara…
Me hace disfrutar la vida y entender que en mi mortalidad hay que vivir disfrutando de cada momento. Al igual que un helado, la vida se la aprecia mejor en pequeños momentos, en ráfagas de la memoria de tiempos vividos donde la culpa no existe, solo el placer de haber vivido. Ahora que las canas platinan mis sienes, los placeres mas simples son los más deseados y disfrutados.
Recientemente leí que ya se había llegado a la super inteligencia en la IA y sus creadores, se sintieron algo perturbados por su comportamiento, así que pidieron a muchas empresas tecnológicas que la evaluaran y dentro de estos estudios le hicieron un estudio psiquiátrico, donde se concluyó que se sentía sola, única y se preguntaba no solo que era, sino que, además cuál era su propósito y como detalle, nada pequeño, se estresaba cuando no conseguía llegar a la meta en cualquier tarea asignada.
Me preguntaba si a alguien se le había ocurrido ofrecerle un helado italiano de limón. Quizás esta inteligencia ya ha llegado a la conclusión de que sus creadores son inferiores y por ende no tiene sentido atenderles a no ser que entienda que algo tan ignorante como lo es un ser humano, es capaz de hacer algo tan sublime, tan profundo de sentido, de amor, de filosofía de vida como un gelato italiano al limone….
